Saturday, January 20, 2024

 De la ensalada de idiomas y la experiencia inmigrante

 

En español decimos buen día sólo por la mañana; no decimos: buena mañana. Sin embargo, tenemos nombres específicos para la tarde y la noche, pero no así para la tardecita. No podemos decir buen día por la tarde a menos que recién nos hayamos levantado. A partir de las 12, decimos buenas tardes. En danés decimos buena mañana y no se puede utilizar el término pasado el mediodía. Para los más ortodoxos, ni siquiera se debería utilizar después de las 9:30 ya que al ser un país muy madrugador, uno arriesga a que lo tomen por vago. Pero sí se puede utilizar el término buen día durante todo el día hasta la tardecita, cuando obligatoriamente cambia a buena tardecita. En danés, no se debe utilizar el término buenas noches, a menos que la persona se esté yendo a dormir, y en esto es igual que el italiano. En italiano existe el buona sera que retiene el horario entre la tarde y la noche, que en español no está claramente definido. Pero el buona notte, se utiliza solamente cuando uno se va a dormir, igual que en los otros casos. En inglés no existe tal confusión. Es preciso y cada momento del día tiene su frase propia, gracias a Dios.

Todo esto viene a que si bien sucede en milésimas de segundos, es algo que se me cruza por la cabeza cada vez que llego a un lugar y tengo que saludar. La lengua nos condiciona. El lenguaje moldea el pensamiento. Nos hace barullo y nos obliga a localizar rápidamente el pensamiento en lugar/tiempo/espacio/contexto, marcando y recordando a los expatriados como yo sobre nuestra categoría de extranjero a pesar de estar en Dinamarca desde hace más de una década. Hasta un básico saludo requiere piense y evitar quedar offside. Y mientras escribo esto, busco palabras en diccionarios online porque a veces la palabra justa se presenta en mi cabeza en el idioma equivocado y tengo que buscar la alternativa en español, a veces con acierto y a veces rindiéndonos ante una que no calza exactamente con lo que quiero decir, resignada. Lo hago muy a menudo entre el danés-inglés y entre el español-italiano aunque creo que el común denominador sea siempre el inglés que se ha vuelto el que todos entienden y con el que me muevo con mayor vocabulario.

Escribir en español no es por lo tanto tampoco algo que me fluya naturalmente como antes, algo que disfrutaba y me salía bastante natural. Hoy siento que estoy a las trompadas con 4 lenguas que están activas 24 horas en mi cabeza. Vivo en Dinamarca, comparto mi vida con un italiano, mis hijos en casa prefieren hablar el inglés y hablo a diario con mi familia en español.

Cambiar de un idioma a otro ya es automático y en general ocurre naturalmente según el sujeto y situación.

Al principio y en mi afán de integrarme y sumergirme plenamente en la cultura y el idioma, me negaba rotundamente a cambiar al inglés para hacerme entender. Dadas mis dificultades con la lengua y mi escaso vocabulario, fueron varios los malentendidos que surgieron a partir de esos intentos de darme maña en el proceso. Me acuerdo sobre todo de dos papelones en particular que uno hace al inicio de cualquier viaje con un idioma ajeno.

El primero fue un día que me tocó control en el hospital durante mi primer embarazo. Era mi segundo año en Dinamarca y sabía suficiente danés para entender y comunicarme con los demás pero me faltaba mucho vocabulario con lo cual recurría mucho al lenguaje de señas y sonidos no verbales para hacerme entender cuando las palabras no fluían, la creatividad por sobre todas las cosas antes de sucumbir y cambiar al inglés (cuánto más fácil hubiera sido y qué tenacidad la mía el no querer hacerlo). La enfermera me hizo los chequeos necesarios y me preguntó si podía “sentir la vida” una frase comúnmente utilizada en danés para preguntar si el bebé se mueve y está activo. Muy efusivamente, porque así quería transmitirlo, comencé a gesticular con el brazo las patadas del bebé mientras pronunciaba el sonido que para mí denotaba ese movimiento: pic pic pic pic al unísono con el movimiento del brazo y con cada gesto de patada, un pic… y con cada pic la expresión de la enfermera cambiaba. Al principio, se puso colorada y la notaba incómoda y desconcertada. No entendía cuál era el problema y finalmente ella comprendió mi gesto dejando de lado el significado de lo que yo estaba diciendo, y se largó a reír. "Qué bueno que se mueva tanto" me dijo. Cuando llegué a casa, le comenté a mi marido lo ocurrido. La palabra pik en danés, es una palabra bastante vulgar que significa el miembro masculino, y junto con los gestos y la pregunta si sentía la vida, la enfermera no daba crédito de lo que ella creía que yo le estaba contando!

El segundo papelón fue poco tiempo después que empecé a trabajar. Estaba necesitando un dermatólogo para sacarme un lunar bastante grande del cuello que tenía desde hacía un tiempo y al no tener referencias, decidí preguntar a mis colegas si alguno me podía recomendar alguno. Era una oficina abierta, donde compartíamos piso unas 25 o 30 personas. El traductor de Google, que supo ser mi mejor amigo durante mucho tiempo, me ayudó a formular la pregunta, y digité enviar a todo el grupo de colegas esperando que alguien pudiera mandarme una recomendación. Apenas envié el email empezaron las carcajadas, la gente se daba vuelta y me miraba. Aparentemente, mi pedido fue que me recomendaran un dermatólogo para extirparme un enorme "topo" del cuello que hacía tiempo me estaba preocupando.

 Quizás lo dificultoso de los cambios de idioma no es el cambio en sí sino acomodarse a estructuras gramaticales tan distintas. Entre el italiano y español esa distancia es bastante corta. El orden y estructura en ambas lenguas es bastante simple y la fórmula sujeto+verbo+predicado (adverbio) se puede transferir de una lengua a la otra sin mayor dificultad ni error.

En inglés la estructura no cambia demasiado pero por suerte la tengo tan automatizada y no necesito pensarla más. Pero en danés la cosa cambia, y mucho. La estructura de la frase, en donde el orden de las palabras es fundamental para hacerse entender, y en las cuáles la posición de algunos adverbios determinan el orden del resto de las palabras es extenuante! En español diríamos: “Hoy María no fue a la escuela” en danés literalmente sería “Hoy fue María no a escuela la”. Es verdad que en inglés los adverbios de frecuencia utilizados al principio de la oración cambian la posición del verbo/sujeto: Hardly ever, rarely, seldom y scarcely hacen que el verbo se anteponga al sujeto. Pero solamente ocurre en estos casos particulares y denotan un inglés formal, que ha entrado bastante en desuso. En danés, todos los adverbios sobre todo los temporales, utilizados al inicio de la frase, cambian el orden de las palabras y en estos casos, el sujeto se ubica siempre después del verbo. Si el adverbio se ubica en otro lado, la estructura es diferente.

Cuando uno pasa mucho tiempo viviendo en una estructura y no en la otra pasa a entrenar al cerebro a otro orden de cosas, y simplemente el mareo se vuelve geográfico, intentando ubicar a cada cosa en su lugar. Es como cuando uno reorganiza un armario, reubicando las cosas, pero sigue yendo por meses a buscar las cosas al viejo lugar y no al nuevo.

Y el vivir la experiencia de inmigrante es esto en definitiva.  Hay un “impuesto” no tangible que pagamos todos los inmigrantes por vivir en otro país,  otra cultura y otro idioma. Es ese pequeño esfuerzo muchas veces no consciente que hace el cerebro al irse constantemente a lo conocido y compararlo con lo que uno tiene adelante, ese ir y venir del viejo lugar en donde estaban las cosas. No es que uno lo piense demasiado, pero si hace esa gimnasia a diario, la de reordenar y reubicarse una y otra vez en el lugar, espacio e idioma que corresponden a dónde elegimos estar. 

 

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