De la ensalada de idiomas y la experiencia inmigrante
En español
decimos buen día sólo por la mañana; no decimos: buena mañana. Sin embargo,
tenemos nombres específicos para la tarde y la noche, pero no así para la
tardecita. No podemos decir buen día por la tarde a menos que recién nos
hayamos levantado. A partir de las 12, decimos buenas tardes. En danés decimos buena
mañana y no se puede utilizar el término pasado el mediodía. Para los más
ortodoxos, ni siquiera se debería utilizar después de las 9:30 ya que al ser un
país muy madrugador, uno arriesga a que lo tomen por vago. Pero sí se puede
utilizar el término buen día durante todo el día hasta la tardecita, cuando obligatoriamente
cambia a buena tardecita. En danés, no se debe utilizar el término buenas noches, a menos
que la persona se esté yendo a dormir, y en esto es igual que el italiano. En italiano
existe el buona sera que retiene el horario entre la tarde y la noche,
que en español no está claramente definido. Pero el buona notte, se
utiliza solamente cuando uno se va a dormir, igual que en los otros casos. En
inglés no existe tal confusión. Es preciso y cada momento del día tiene su frase propia,
gracias a Dios.
Todo esto viene
a que si bien sucede en milésimas de segundos, es algo que se me cruza por la
cabeza cada vez que llego a un lugar y tengo que saludar. La lengua nos
condiciona. El lenguaje moldea el pensamiento. Nos hace barullo y nos obliga a
localizar rápidamente el pensamiento en lugar/tiempo/espacio/contexto, marcando
y recordando a los expatriados como yo sobre nuestra categoría de extranjero a
pesar de estar en Dinamarca desde hace más de una década. Hasta un básico saludo requiere piense
y evitar quedar offside. Y mientras escribo esto, busco palabras en
diccionarios online porque a veces la palabra justa se presenta en mi cabeza en
el idioma equivocado y tengo que buscar la alternativa en español, a veces con
acierto y a veces rindiéndonos ante una que no calza exactamente con lo que
quiero decir, resignada. Lo hago muy a menudo entre el danés-inglés y entre el
español-italiano aunque creo que el común denominador sea siempre el inglés que
se ha vuelto el que todos entienden y con el que me muevo con mayor vocabulario.
Escribir en
español no es por lo tanto tampoco algo que me fluya naturalmente como antes,
algo que disfrutaba y me salía bastante natural. Hoy siento que estoy a las trompadas
con 4 lenguas que están activas 24 horas en mi cabeza. Vivo en Dinamarca,
comparto mi vida con un italiano, mis hijos en casa prefieren hablar el inglés
y hablo a diario con mi familia en español.
Cambiar de
un idioma a otro ya es automático y en general ocurre naturalmente según el sujeto
y situación.
Al
principio y en mi afán de integrarme y sumergirme plenamente en la cultura y el idioma, me
negaba rotundamente a cambiar al inglés para hacerme entender. Dadas mis
dificultades con la lengua y mi escaso vocabulario, fueron varios los
malentendidos que surgieron a partir de esos intentos de darme maña en el proceso. Me acuerdo sobre todo de dos papelones en particular que uno hace al
inicio de cualquier viaje con un idioma ajeno.
El primero
fue un día que me tocó control en el hospital durante mi primer embarazo. Era
mi segundo año en Dinamarca y sabía suficiente danés para entender y
comunicarme con los demás pero me faltaba mucho vocabulario con lo cual recurría
mucho al lenguaje de señas y sonidos no verbales para hacerme entender cuando
las palabras no fluían, la creatividad por sobre todas las cosas antes de
sucumbir y cambiar al inglés (cuánto más fácil hubiera sido y qué tenacidad la
mía el no querer hacerlo). La enfermera me hizo los chequeos necesarios y me
preguntó si podía “sentir la vida” una frase comúnmente utilizada en danés para
preguntar si el bebé se mueve y está activo. Muy efusivamente, porque así
quería transmitirlo, comencé a gesticular con el brazo las patadas del bebé
mientras pronunciaba el sonido que para mí denotaba ese movimiento: pic pic pic
pic al unísono con el movimiento del brazo y con cada gesto de patada, un pic…
y con cada pic la expresión de la enfermera cambiaba. Al principio, se puso
colorada y la notaba incómoda y desconcertada. No entendía cuál era el problema
y finalmente ella comprendió mi gesto dejando de lado el significado de lo que
yo estaba diciendo, y se largó a reír. "Qué bueno que se mueva tanto" me dijo. Cuando
llegué a casa, le comenté a mi marido lo ocurrido. La palabra pik en danés, es
una palabra bastante vulgar que significa el miembro masculino, y junto con los
gestos y la pregunta si sentía la vida, la enfermera no daba crédito de lo que
ella creía que yo le estaba contando!
El segundo
papelón fue poco tiempo después que empecé a trabajar. Estaba necesitando un
dermatólogo para sacarme un lunar bastante grande del cuello que tenía desde
hacía un tiempo y al no tener referencias, decidí preguntar a mis colegas si
alguno me podía recomendar alguno. Era una oficina abierta, donde compartíamos
piso unas 25 o 30 personas. El traductor de Google, que supo ser mi mejor amigo
durante mucho tiempo, me ayudó a formular la pregunta, y digité enviar a todo
el grupo de colegas esperando que alguien pudiera mandarme una recomendación.
Apenas envié el email empezaron las carcajadas, la gente se daba vuelta y me miraba.
Aparentemente, mi pedido fue que me recomendaran un dermatólogo para extirparme
un enorme "topo" del cuello que hacía tiempo me estaba preocupando.
En inglés
la estructura no cambia demasiado pero por suerte la tengo tan automatizada y
no necesito pensarla más. Pero en danés la cosa cambia, y mucho. La estructura
de la frase, en donde el orden de las palabras es fundamental para hacerse
entender, y en las cuáles la posición de algunos adverbios determinan el orden
del resto de las palabras es extenuante! En español diríamos: “Hoy María no fue
a la escuela” en danés literalmente sería “Hoy fue María no a escuela la”. Es verdad que en
inglés los adverbios de frecuencia utilizados al principio de la oración
cambian la posición del verbo/sujeto: Hardly ever, rarely, seldom y scarcely
hacen que el verbo se anteponga al sujeto. Pero solamente ocurre en estos casos
particulares y denotan un inglés formal, que ha entrado bastante en desuso. En
danés, todos los adverbios sobre todo los temporales, utilizados al inicio de la
frase, cambian el orden de las palabras y en estos casos, el sujeto se ubica siempre
después del verbo. Si el adverbio se ubica en otro lado, la estructura es
diferente.
Cuando uno
pasa mucho tiempo viviendo en una estructura y no en la otra pasa a entrenar al
cerebro a otro orden de cosas, y simplemente el mareo se vuelve geográfico, intentando
ubicar a cada cosa en su lugar. Es como cuando uno reorganiza un armario,
reubicando las cosas, pero sigue yendo por meses a buscar las cosas al viejo
lugar y no al nuevo.
Y el vivir la experiencia de inmigrante es esto en definitiva. Hay un “impuesto” no tangible que pagamos todos los inmigrantes por vivir en otro país, otra cultura y otro idioma. Es ese pequeño esfuerzo muchas veces no consciente que hace el cerebro al irse constantemente a lo conocido y compararlo con lo que uno tiene adelante, ese ir y venir del viejo lugar en donde estaban las cosas. No es que uno lo piense demasiado, pero si hace esa gimnasia a diario, la de reordenar y reubicarse una y otra vez en el lugar, espacio e idioma que corresponden a dónde elegimos estar.
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